lunes, 18 de julio de 2011

Palabras mudas

Definitivamente desde ese día dejo de escribir para siempre. Las palabras se enmudecieron dentro de sí; dejaron de tener significado alguno. Fue algo premeditado: siempre lo deseo.

Para Humberto las palabras tienen voces no son meros vehículos que utilizamos a voluntad: las palabras desean estar en algún lugar en algún momento.

Las escuchaba aun antes de que su madre con sus dedos gordos le tome su mano y le enseñe a escribir. Ella siempre recuerda los interminables monólogos que Humbertito le recitaba.

Él no se acuerda de eso. Su medio no era la oralidad: no lo recuerda como propio.

Humberto ese día se levantó muy temprano por la mañana tomo un cigarro como siempre lo hacía fumo desesperadamente tosió hasta exhalar el retorcido humo de sus pulmones. Cuando pensó que se iba a morir recordó el olor del pelo de Isabel. Siempre esos recuerdos le devolvían un halo de respiración.

Se intentó vestir. Todos los días lo intentaba a veces no lo lograba. Dejaba todo y se acostaba en el sillón a ver películas interminablemente. Lo visual lo alejaba de las voces. Evitaba cualquier acción que lo llevara a las voces.

Cuando se hacía algo de comer las voces comenzaban. Las palabras querían estar en su sitio. Odiaba ser humano quería ser una especie de ser amorfo siempre soñaba con lo mismo.

Las voces lo acosaban. Tomaba la máquina de escribir y las palabras se ponían en su sitio.

Lo usaban amargamente. No quedaba nada de él luego de escribir. Sin nunca haberse podido vestir se dormía en cualquier sitio.

Ese día Humberto se puso unos pantalones tiro alto y una camisa: faltaban las medias. El pantalón era algo largo las medias no se verían. Miles de voces comenzaron a extasiarle. Tomo su campera y salió del departamento.

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