sábado, 27 de agosto de 2011

Fuerza irrefrenable

El semáforo no cambiaba más de color, fue interminable ese rojo. Al verlo recordé otros rojos:

1) El beso que mi madre siempre dejaba en mis mejillas imposible de borrar con agua y jabón, volvía a necesitar de ella y de sus cremas mágicas.

2) Las banderas chiquitas del hotel que pretendía ser internacional.

3) Las luces rojas de aquel hotel de mala muerte, me gustaría recordar tu sangre, pero no fue roja sino bermellón.

4) Las flores del mantel de plástico de la casa de mi abuela. Hasta su muerte siempre tuvo el mismo.

(Los amarillos y verdes que me detuvieron en otro momento y lugar no tuvieron mayor relevancia.)

Como moraleja redundante podre decir que la detención es roja. Lo demás es sobreentendible, luego de mi breve enumeración.

No hay comentarios:

Publicar un comentario